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martes, 21 de octubre de 2014

El verdadero secreto del éxito

No se trata de suerte, sino de capacidad de trabajo y de aprender del fracaso

El éxito no requiere sólo suerte, sino también trabajo y esfuerzo.


¿Con frecuencia ves casos de personas que parecen tocadas por los dioses? "Nada" les sale mal, son capaces de sortear los eventos más complicados y no solamente eso, además superan por mucho las expectativas que se tenía de ellas... La suerte no es el factor principal de su éxito; es su creatividad, su inteligencia, el esfuerzo y el trabajoque imprimen en cada uno de los proyectos que realizan y a ello se suma el hecho de que saben encontrar a los aliados perfectos.
Su actitud segura y positiva hace el resto: convencer a los demás de que su plan es el efectivo, lo cual se respalda con sus antecedentes.
De acuerdo a Agustín Medina, autor del libro Cómo llegar al éxito de fracaso en fracaso, Editorial Pearson Prentice Hall, “la mayoría de la gente piensa que el éxito tiene que ver más con el destino y la suerte que con el esfuerzo cotidiano. Se piensa que basta con estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Pero no hay nada más lejos de la realidad. La suerte y la oportunidad no son suficientes para conseguir el éxito".
Trabajo, trabajo y trabajo, ésa es una de las principales claves para triunfar en cualquier cosa. Es cierto que para lograr el éxito no se deben dejar escapar las oportunidades, pero de nada sirve estar rodeado de ellas si uno no está dispuesto a trabajar duro para aprovecharlas.

Encuentra el justo valor

No hay nada perfecto bajo el cielo, eso es una realidad, y aceptarlo es parte fundamental para no dañar la autoestima ni asumir una culpa que seguramente no corresponde. A este respecto Agustín Medina explica que el fracaso significa aceptar nuestros límites y es necesario e imprescindible en el camino hacia el éxito, aunque admite, es una tarea complicada aprender a reconocerlos.
“Nos empeñamos en culpar a los demás de nuestros errores, nos decimos que la suerte se puso en nuestra contra, que las circunstancias no nos fueron propicias, que todo fue culpa del destino y de la casualidad. De esta forma evitamos asumir los fracasos y aprender de ellos, y ése es el peor de nuestros fracasos. Cuando ignoramos nuestras propias debilidades estamos cerrando el paso al desarrollo de nuestras fortalezas”, señala el autor.
Cuando el éxito parece darnos la espalda lo más adecuado es hacer una valoración de los procesos que siguieron, así como un balance justo de resultados.

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